Del latín triangŭlus, un triángulo es un polígono de tres lados. Esta figura geométrica está formada por tres rectas que se cortan en tres puntos no alineados. Cada uno de estos puntos de intersección de las rectas se denomina vértice, mientras que los segmentos de recta determinados reciben el nombre de lados del triángulo.
Un triángulo cuenta con tres lados, tres vértices y tres ángulos interiores. Es habitual que se conozca por el nombre de sus vértices, designados con letras latinas mayúsculas: triángulo ABC.
Existen distintas formas de clasificar a un triángulo. Según la amplitud de sus ángulos, un triángulo puede ser rectángulo (cuenta con un ángulo interior recto, formado por dos lados conocidos como catetos, mientras que el restante recibe el nombre de hipotenusa), acutángulo (sus tres ángulos interiores son agudos) o obtusángulo (uno de sus ángulos es obtuso).
Otra clasificación posible de los triángulos está dada por la longitud de sus lados. En este sentido, los triángulos pueden ser equiláteros (sus tres lados tienen la misma longitud), isósceles (dos de sus lados tienen la misma longitud) o escalenos (todos sus lados tienen diferentes longitudes).
En el ámbito de la música, un triángulo es un instrumento de percusión. Consta de una varilla metálica doblada en forma triangular que se suspende de un cordón y se hace sonar a partir de golpes con otra varilla del mismo material. El sonido nace por las vibraciones del metal tras el golpe con la varilla.
El triángulo se caracteriza por su sonido agudo y de altura indefinida. El músico está en condiciones de generar un sonido abierto o cerrado de acuerdo a la forma en que sostiene el instrumento.