
Los problemas en la cadena de suministro de comida y una desigual distribución de alimentos provocan inseguridad alimentaria.
Inseguridad alimentaria es un estado o una condición que se caracteriza por no tener un regular acceso a alimentos nutritivos y seguros. Esta realidad, que se define como aguda si es temporal y como crónica cuando se prolonga en el tiempo, compromete la salud y limita la esperanza de vida. De acuerdo a cuán profunda sea la inseguridad alimentaria, además, se la clasifica como leve, moderada o severa.
Los factores y las causas que se asocian a esta problemática son múltiples al igual que sus consecuencias. A lo largo de este artículo, por lo tanto, brindaremos información sobre las dimensiones de la inseguridad alimentaria, sus desencadenantes y qué estrategias se pueden implementar para evitarla o combatirla.
La inseguridad alimentaria tiene como víctimas principalmente a millones de niños alrededor del mundo pero personas de distintas edades y nacionalidades sufren sus efectos. Es importante saber que esta realidad obstaculiza el desarrollo sostenible y genera consecuencias negativas para la salud individual y colectiva, así como posee impactos socioeconómicos que repercuten en el ámbito laboral y en la economía.


Causas principales de la inseguridad alimentaria
Como causas principales de la inseguridad alimentaria aparecen la desigualdad económica y la pobreza. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) aborda de manera integral estas problemáticas porque entiende que están interconectadas. En este marco impulsa acciones orientadas a combatir el hambre, promover la seguridad alimentaria, estimular el desarrollo sostenible y disminuir los índices de pobreza.
Lamentablemente, en poblaciones vulnerables el acceso a los alimentos nutritivos y saludables se ve limitado, impedido o condicionado por la falta de recursos económicos. La salud y el bienestar de los individuos, en este contexto, se complican por enfermedades, condiciones de malnutrición y, en definitiva, por una mala calidad de vida.
La inseguridad alimentaria suele aflorar, asimismo, a raíz de guerras y conflictos armados. ¿Motivos? La destrucción parcial o total de infraestructuras y tierras agrícolas, la pérdida de ganado y cultivos, el desplazamiento de la población, la contaminación de suelos, las dificultades para garantizar la ayuda humanitaria…
Tampoco hay que desconocer el impacto que tienen el cambio climático y desastres naturales como los terremotos, las inundaciones y las sequías en la producción de alimentos y su posterior distribución. El aumento del nivel del mar, las temperaturas extremas y la ausencia, escasez o abundancia de lluvias afectan las superficies de cultivo, la disponibilidad de agua y alteran la cadena de suministro de comida.
Se detecta inseguridad alimentaria, además, en naciones que no tienen políticas alimentarias sólidas, evidencian una marcada desigualdad social o no está asegurado el derecho a la alimentación.

Desastres naturales, conflictos sociales o emergencias económicas pueden ocasionar una crisis alimentaria que cause inseguridad alimentaria a nivel masivo.
Consecuencias
La inseguridad alimentaria tiene muchas consecuencias que perjudican a individuos particulares y a la comunidad en su conjunto.
A raíz de una deficiente disponibilidad alimentaria y la imposibilidad de acceder a una dieta equilibrada y saludable, personas de todas las edades pueden padecer problemas de desnutrición o malnutrición. El retraso en el crecimiento, la fragilidad del sistema inmune y efectos asociados a un desarrollo cerebral defectuoso son parte de los problemas vinculados a dichos diagnósticos.
El consumo habitual de alimentos ultraprocesados como las comidas rápidas y los snacks, en tanto, aumenta el riesgo de desarrollar patologías cardiovasculares y enfermedades crónicas como diabetes tipo 2 y obesidad. Una ingesta frecuente de platos con exceso de sodio, azúcares y grasas, que a la vez es pobre en micronutrientes esenciales como los minerales y las vitaminas, baja las defensas y esto incrementa la vulnerabilidad respecto a infecciones respiratorias y muchos otros problemas de salud, incluidos algunos trastornos de salud mental.
La inseguridad alimentaria genera, incluso, complicaciones en materia socieconómica. Al afectar la calidad de vida y las posibilidades de progreso profundiza la pobreza dado que las personas carenciadas con hambre y debilidad no tienen energía suficiente para estudiar o trabajar con normalidad.

El acceso a una dieta equilibrada, saludable y nutritiva es crucial en la lucha contra la inseguridad alimentaria y sus efectos.
Prevención y combate de la inseguridad alimentaria
La prevención y el combate de la inseguridad alimentaria requieren un enfoque multidisciplinario. Por un lado se necesitan estrategias de anticipación frente a conflictos sociales y el cambio climático, entre otros factores.
En cada país pueden promoverse diversas medidas preventivas. Suma, por ejemplo, reducir riesgos mediante la diversificación de cultivos y el desarrollo de prácticas sostenibles. También es aconsejable tener bancos de alimentos como reserva ante emergencias y garantizarle a la población un acceso equitativo a los recursos productivos. Generar espacios de cooperación internacional para estimular la seguridad alimentaria y favorecer una justa distribución y disponibilidad de alimentos son otros de los puntos a considerar.
La lucha contra la inseguridad alimentaria empieza ofreciendo educación alimentaria desde edad temprana. Con información y prácticas positivas es posible incorporar hábitos saludables que favorezcan la correcta nutrición de bebés, niños, jóvenes y adultos. La justicia alimentaria, que asegura un acceso equitativo y suficiente a productos nutritivos, también es clave en el combate de la inseguridad alimentaria.
Ayudan, además, el apoyo gubernamental a la agricultura comunitaria, el fortalecimiento de sistemas alimentarios sostenibles y las acciones para minimizar el porcentaje de pérdida y desperdicio de alimentos, entre otras medidas.